Posted on: 25 de noviembre de 2025 Posted by: Cristina Sierra Comments: 0

Aunque no era la primera vez, esta vez lo he hecho de manera más consciente. Al inicio de la ruta, nos hemos presentado y les he pedido que me pusieran en contexto con sus familiares (padres y madres) y qué relación tenían con el campo. Me sigue sorprendiendo cómo algunos niños no saben ni en qué trabajan sus padres.

¿Cómo les vamos a pedir que sean conscientes con la alimentación?

No saben lo que comen, porque, entre otras cosas, no conocen ni distinguen los animales de producción comunes.

No conocen los nombres de las hembras, ni machos ni bebés.

Ni qué implicaciones tiene el tipo de alimento que elegimos consumir.

El desconocimiento de su entorno me parece alarmante.

Imposible que valoren, protejan o mantengan la dehesa. No sabrían distinguirla del Monte Mediterráneo.

Mi propósito fue que, al menos, se fueran de allí sabiendo identificar o diferenciar las encinas, los alcornoques y los quejigos. Que no los confundan con olivos (¡dios mío, Tierra trágame! No sabían ni cómo se llamaba el fruto). Que al menos hayan escuchado por primera vez en sus vidas que son los quercus y qué se obtiene de ellos (bellotas, corcho, leña, …). Al menos habían escuchado que era el jamón de bellota.

📉 Estudios recientes demuestran que esta desconexión no es puntual, es estructural.
Un informe de la Fundación Vivo Sano y el Observatorio de la Infancia afirma que los niños españoles pasan una media de 1-2 horas al día al aire libre, frente a las 4-5 horas frente a pantallas.
El fenómeno ya tiene nombre: trastorno por déficit de naturaleza, acuñado por Richard Louv. Y no solo afecta al conocimiento, sino al bienestar emocional, físico y cognitivo.
Según el informe “Children and Nature Worldwide” (2021), menos del 25% de los niños de entornos urbanos sabe identificar más de cinco especies de árboles o animales locales, y muchos creen que la leche «viene del supermercado» o que las hamburguesas “crecen en cajas”.
Y esto no es un detalle menor.
Desconocer el entorno es el primer paso para no cuidarlo.
📉 Y no, no es casualidad. Según el último informe de la FAO y varias investigaciones europeas, como el estudio «Children’s knowle»Children’s knowledge and attitudes towards food and farming» (British Nutrition Foundation, 2022), un número preocupante de niños cree que los alimentos crecen en los supermercados.
🔎 En España, un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona reveló que más del 60% de los estudiantes de primaria no sabían que la leche viene de la vaca o que el jamón viene del cerdo.
🌿 Y en zonas rurales, la desconexión también avanza: muchos niños crecen rodeados de naturaleza sin conocerla, sin nombrarla, sin vivirla. De hecho, estos niños son de municipios de la provincia de Sevilla.
Estamos criando generaciones desconectadas de su entorno.
¿Y cómo van a amar o defender lo que no conocen?
Vivimos en un país con más de 3,5 millones de hectáreas de dehesa, un ecosistema único en el mundo, que secuestra carbono, conserva biodiversidad y produce alimentos de altísima calidad de forma sostenible. Y, sin embargo, está desapareciendo del imaginario colectivo. Incluso en las zonas donde aún se conserva, las nuevas generaciones no saben nombrarla, no la entienden ni la sienten como suya.
Esto no va solo de romanticismo rural. Va de soberanía alimentaria, de cultura, de salud, de futuro.
👉 Si no sabemos de dónde viene lo que comemos, ¿cómo vamos a elegir con criterio?
👉 Si no entendemos los ciclos naturales, ¿cómo vamos a cuidar la tierra?
👉 Si no valoramos el trabajo ganadero y agrícola, ¿quién querrá seguir haciéndolo?
Educar en la naturaleza no debería ser un lujo ni una excepción.
Tiene que formar parte de la educación básica, igual que las matemáticas o la lengua.
Porque entender el origen de lo que comemos, el nombre de los árboles, la función de los insectos o la relación entre el clima y la comida, es entender la vida.
💔 Esta desconexión me preocupa. Pero también me motiva.
Porque creo, con firmeza, que necesitamos una educación que vuelva a enraizar a la infancia con su entorno, con sus raíces, con el ciclo de la vida y con el campo que nos sostiene.
🌱 Ojalá más infancia con las manos en la tierra y la cabeza llena de preguntas.
Ojalá más escuela al aire libre, más conocimiento del entorno, más conexión con lo esencial.
💚 Ojalá más infancia con los ojos brilla

Leave a Comment