Buenos días con amor y salud.
Como sabéis cambié la mangá de sitio y para facilítame la vida le echo un postre a mis becerrinis. El objetivo es que se les olvide que los capé allí y quieran entrar. Ya lo he conseguido. Entran incluso por la mangá al revés. Pero como en breve toca saneamiento sigo con el postre. Bueno en realidad no llega ni aperitivo. Pero ellos vienen a buscarlo.
También tiene sus desventajas. Entre las lluvias y sus pisadas, el trozo está fatal. Y eso que le voy cambiando los comederos de sitio. Pero observando esto, me di cuenta de que comen tela de hierba. El trozo al que no tienen acceso parace una selva. Hay de todo. Y para muestra un botón. Muchísimas especies y de muchas distintas familias, que para mí es buena señal. Algunos dirá que tenemos que tener al menos 1/3 de gramíneas y 1/3 de leguminosas. Tiene razón pero al menos aquí hay cubierta vegetal. Algo que antes no había. El banco de semillas está ahí y va saliendo a la luz. No entiendo como pero ahí están.
Viva la naturaleza y su sabiduría.
Por cierto he puesto como primera: el amor del hortelano. La dichosa plantita ahora me la encuentro a raudales y por todos lados. Pero cuando estaba haciendo el herbario para la facultad no la encontraba. Claro tampoco sabía que buscaba. Cuando la encontré en mi huerta, mi padre y yo dijimos: Anda, la teníamos delante y no la veíamos. Ahora siempre me acuerdo de aquello cuando la veo.
Está considerada mala hierba. Pobrecita. Seguro que tiene su función, lo que pasa es que no la conocemos.
La infusión de sus semillas molidas se toma como sucedáneo del café, con el que está remotamente emparentado. Planta conocida desde la Antigüedad, de la que Dioscórides dice: «Su flor aplicada en forma de emplasto, sana las quemaduras del fuego y restaña las efusiones de sangre». Su raíz atiza la virtud genital». Andrés Laguna añade: «restiñe todo fluxo de sangre». Se cuenta además que sus bellas flores amarilla sirvieron en la antigüedad para enrubiar los cabellos, así como para cuajar la leche para hacer quesos que adoptan un bello color amarillo. De esto último parece derivar el nombre del género (de gala = leche). Wikipedia.
